Ciencia Ciudadana: el caso de Zooniverse

ciencia ciudadana

Lucy Fortson, de la Universidad de Minnesota, intervino este sábado en la 2018 Collective Intelligence Conference (#CIconf18) hablando de Zooniverse, que es probablemente la plataforma de ciencia ciudadana más activa del mundo; de la que ella es co-fundadora.

Antes de seguir, por si no conoces el término, intentaré resumirte algunas ideas sobre la llamada Ciencia Ciudadana (Citizen Science) y cómo funciona. En pocas palabras, es la implicación de amateurs en estudios desarrollados por científicos profesionales. La ciudadanía colabora en estos proyectos capturando datos, analizándolos, cediendo recursos tecnológicos para desarrollar esas tareas, e incluso planteando nuevas preguntas o reflexionando sobre los resultados; todo ello movida por una motivación principalmente vocacional. La idea es hacer ciencia “con y para” la sociedad, reconociendo así la contribución que históricamente han tenido los amateurs en la producción de nuevo conocimiento, mientras se promueve una cultura científica de inspiración más colectiva.

Zooniverse es la colección más exitosa de proyectos de este tipo que existe en Internet, con unos 120 proyectos desarrollados, en los que han contribuido más de 1,7 millones de voluntario/as de todo el mundo. Un logro singular de esta plataforma es que se han publicado más de 150 papers científicos a partir de investigaciones realizadas en ella.       

La web tiene un diseño muy amigable, que ha contribuido a que se use tanto. Tiene un “Project builder” bastante sencillo para todo aquel que quiera subir y lanzar un proyecto desde la plataforma. Los colaboradores amateurs pueden mantener conversaciones (a través del módulo de “Talk”) con miembros de los equipos de científicos profesionales que gestionan los proyectos, además de seguir los avances a través de un blog y cuentas de Twitter, Facebook y correo electrónico que tienen todos, lo que contribuye al aprendizaje y el enriquecimiento de los participantes.

Las tareas más habituales que hacen los participantes en estas plataformas de ciencia ciudadana son: (1) recopilación distribuida de datos sobre el terreno que son de interés para la ciencia, (2) clasificación de imágenes, textos o audio, con metadatos en forma de categorías, etiquetas o información enriquecida, (3) computación distribuida aportando espacio y tiempo de procesamiento para proyectos de gran envergadura, (4) comparación de textos o imágenes usando patrones, (5) resolución de problemas complejos a través de concursos o juegos , (6) abordajes originales para el análisis de datos, (7) identificación de temas o áreas de interés público para priorizar en las agendas de investigación.

Todos los proyectos incluyen al principio un tutorial que explica y entrena a los participantes para que aprendan a realizar las tareas que se les piden. Otro aspecto clave es el diseño de la interfaz, para estructurar la entrada de los datos de un modo que limite las opciones y permita agregar colectivamente los resultados.

Recomiendo encarecidamente echarle un vistazo, aunque sea sólo por curiosidad, a la lista de proyectos que acoge Zooniverse. Por hacer boca, te contaré algunos, y así entiendes con ejemplos de qué estamos hablando:

  • Planet Hunters: Buscar planetas extrasolares alrededor de las estrellas a partir del análisis de imágenes que genera la nave espacial Kepler de la NASA. Se descubrió una abundancia de candidatos planetarios desconocidos y varios planetas confirmados como resultado de los esfuerzos de casi 300 mil voluntarios de todo el mundo.
  • War diary: Ayudar a los historiadores en la revisión de 1,5 millones de páginas de diarios de miembros del ejército británico en el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial con el fin de revelar las historias de aquellos que lucharon en aquel conflicto.
  • Where ara my body organs?: Marcar una ilustración del cuerpo humano con la posición de los diferentes órganos , y luego te hacen algunas preguntas. El proyecto busca comprender cuánto saben las personas sobre su anatomía y ver si esto difiere entre los diferentes grupos de personas.
  • Ancient Lives: Medir y transcribir fragmentos de papiro de la Grecia antigua a partir de imágenes en línea con ayuda de un teclado digital adaptado.
  • Cyclone Center: Interpretar imágenes satelitales de ciclones tropicales desde 1978, respondiendo a un guión de preguntas que permiten extraer información crítica sobre estos fenómenos meteorológicos que permitirán a los climatólogos calcular mejor la intensidad de tormentas futuras.
  • Old weather: Ayudar a los científicos a recuperar las observaciones del clima del Ártico y del mundo marcando y transcribiendo registros históricos de barcos del siglo XIX y principios del XX.
  • Snapshot Serengeti: Procesar las imágenes generadas por más de 200 cámaras ocultas que se han colocado en el Parque Nacional del Serengeti, para estudiar la ecología de una gran variedad de especies. En cada imagen hay que indicar los tipos de animales que hay, la cantidad, el comportamiento que tienen, si hay crías pequeñas, etc. todo con menús que actúan como filtros de clasificación.
  • Whale FM: Un proyecto para organizar grabaciones de distintos tipos de ballenas. A los voluntarios se les pide que clasifiquen los sonidos comparándolos con llamadas similares de otras grabaciones.

A los impulsores de estas plataformas, como Darlene Cavalier, fundadora de SciStarter, una de las más conocidas junto a Zooniverse, les gusta insistir que “la ciencia ciudadana es ciencia seria”, para desmontar cualquier duda en torno al rigor científico de estos proyectos. Pero no hay que exagerar, porque mi percepción, después de seguir muchas de estas iniciativas, es que sin menospreciar en absoluto el valor de estas contribuciones, la participación de amateurs se concentra mayoritariamente en tareas sencillas que yo llamaría de pre-ciencia, porque el verdadero trabajo de interpretación compleja de datos y de búsqueda de la causalidad sigue estando en manos de los científicos profesionales, que comienzan su trabajo cuando termina el de los amateurs. Recoger o procesar datos por encargo, siguiendo unas pautas preestablecidas, no es en rigor hacer ciencia, así que la resolución de problemas tan complejos sigue necesitando de una formación altamente cualificada y de unas herramientas especializadas que no están en manos de cualquiera.

Siendo eso así, es cierto también que van apareciendo cada vez más proyectos que se atreven a elevar el nivel de sofisticación de la aportación ciudadana, pero que atraen sobre todo a científicos amateurs que dominan una disciplina por pasión o hobby sin estar trabajando en instituciones científicas formales.

El beneficio más obvio de esta modalidad para la ciencia es la capacidad de recopilar y analizar datos en una escala mucho mayor, dado que la participación de muchos voluntarios multiplica la productividad en términos de velocidad, rendimiento y costes. A esto hay que añadir la posibilidad de plantear preguntas de investigación y formas de resolver problemas que son novedosas al recurrir a una gama más amplia de perspectivas.

Como expliqué en un post anterior, la participación de personas que no son expertas exige el uso de algoritmos de consenso para depurar las contribuciones y asegurar la fiabilidad de los datos. Por ejemplo, en el proyecto Ancient Lives, un mismo fragmento de papiro se revisa unas 70 veces por distintas personas para conseguir un consenso fiable, mientras que en Cyclone Center, basta con 10 participaciones para llegar a una clasificación correcta de una imagen de ciclón tropical.

Lucy Fortson, además de explicar cómo funciona, y contar varios proyectos que aloja su plataforma, dedicó buena parte de su ponencia a revelar las oportunidades que existen de optimizar la alianza entre el trabajo de los humanos y de las máquinas, para acelerar los procesos de análisis de datos en los proyectos científicos en los que participan cientos y miles de voluntarios.  Nos habló de nuevos enfoques para combinar el aprendizaje automático de las máquinas con las clasificaciones humanas, con el fin último de generar un sistema que encuentre un equilibrio entre la facilidad de escalado eficiente que permite el primero con la precisión del segundo. Esto conecta de nuevo con algo de lo que ya hemos hablado antes en esta casa, la “inteligencia híbrida”.

Antes de terminar me gustaría decir que esta tendencia irreversible de apertura que vive la ciencia va a tener algún reflejo en la política científica. Por ejemplo, las instituciones deben replantearse sus modelos de gobernanza para abrir espacios a la ciudadanía porque, como ya he dicho, hay que hacer ciencia no solo “para” ellos, sino también “con” ellos.

En 2014 la Comisión Europea publicó el “Libro Blanco de la Ciencia Ciudadana”, que formula una serie de recomendaciones de cómo manejar esta actividad emergente, sugiriendo que es necesario establecer unas bases como el fomento de estas prácticas con financiación pública, la integración de las mismas en proyectos educativos y buscar el reconocimiento para los investigadores y ciudadanos que adoptan estos modelos de colaboración, así como armonizar la gestión de datos científicos proporcionados por voluntario/as.

Nota:   La imagen del post es de Skeeze en pixabay.com. Si te ha gustado el post, puedes suscribirte para recibir en tu buzón las siguientes entradas de este blog. Para eso solo tienes que introducir tu dirección de correo electrónico en el recuadro de “suscribirse por mail” que aparece en la esquina superior derecha de esta página. También puedes seguirme por Twitter o visitar mi blog personal: Blog de Amalio Rey.

4 Comments

  1. Muy interesante. Una cosa que me intriga desde hace mucho tiempo en estos proyectos es quién proponïa y lideraba el proyecto. Veo demasiados proyectos donde el papel de los ciudadanos es subordinado a la agenda de los científicos. Bruno Latour, antes de la popularización del término ‘ciencia ciudadana’ ya comentó alguna iniciativa que surgía del interés o la necesidad ciudadana (porque el problema que fuera que les afectaba no estaba considerado por la ‘clase científica’). Por ejemplo : https://www.wired.com/2003/06/research-spc/
    El concepto de ‘participante subordinado’ de Greenberg también me viene a la cabeza. Son temas tratados en parte por la línea de trabajo Responsible Research and Innovation. Queda abierto para seguir duscutiendo.

    • Amalio Rey says:

      Hola, Ramón: Tú eres el que ha recolocado el tema en el plano más interesante. Respondiendo a la pregunta que haces, tu percepción es correcta. Además de mi observación de que la gran mayoría de los proyectos consisten en tareas que podrían calificarse de pre-científicas, es cierto también que casi siempre son propuestos y liderados por los propios científicos. El papel de los ciudadanos es subordinado al diseño fijado por el equipo científico, aunque éste sea permeable a las sugerencias de los colaboradores amateurs, porque algún diálogo sí se produce, y es algo que me consta, se estimula cada vez más. En la Conferencia se habló precisamente de eso, y el desafío se planteó, aunque en mi opinión de forma tímida, en estos términos: ¿cómo podemos hacer que la ciudadanía sea más proactiva en el “problem finding” como lo es en el “problem solving”?
      Yo pienso, como tú, que hay mucho que hacer en esa línea, y además, que puede ser un trabajo super estimulante, porque conecta con la necesidad de fomentar más cultura científica desde lógicas de aprender-haciendo.
      Yo no escuché citar ningún proyecto de ciencia ciudadana que fuera creado y liderado por la propia ciudadanía, lo que refleja ciertamente cierta asimetría o que, como mínimo, no se hace honor suficiente al nombre que se le ha puesto a esta práctica, que es tan saludable. Estaría bien promover un programa así, de “Ciencia Ciudadana autogestionada”, que funcione al revés de los ejemplos que cité en el post, o sea, en los que la ciudadanía ponga a trabajar a los científicos en colaboración con ella y según su propia agenda. Que eso no ocurra más puede deberse al paternalismo que tanto abunda en el gremio de la ciencia profesional.
      Si alguien que lee este post conoce ejemplos de ese tipo, que tanto en su génesis como en su gestión sean traccionados por amateurs, sería genial que los comparta aquí. Si no los encontramos, habrá que hacer algo para que los haya, ¿no? Dejo esta interesante pregunta o reflexión que has planteado aquí para ver si más gente se anima a retomarla. Gracias
      [PD] Por cierto, me acabo de acordar de algo parecido, pero que tiene más que ver con “user innovation” que con “ciencia ciudadana”. Son proyectos user-driven, por ejemplo, para resolver desafíos tecnológicos en plan DIY al no haber una respuesta de la ciencia formal a esa necesidad. En este post escribí algo de esto: http://www.amaliorey.com/2016/06/04/eric-von-hippel-y-la-revancha-de-los-nerdks-post-502/ y Julen Iturbe es un experto en este tema, pero sigo pensando, como tú, que teniendo puntos en común con la ciencia ciudadana, son cosas distintas. ¿cómo lo ves?

  2. Y Antonio Lafuente también ha publicado respecto a estas dinámicas. De hecho, tiene un concepto de ‘ciencia’ bastante menos clásico y más abierto del q he podido rastrear en el universo ‘citizen science’ 😉

    • Amalio Rey says:

      Sip, conozco lo que ha escrito Antonio Lafuente sobre esto, y estoy de acuerdo con sus tesis sobre “ciencia abierta” y “ciencia común”. Estuve por citarlo en el post, pero no lo hice porque quería ser fiel al espíritu que dominó la reflexión de la conferencia. Después de pensar más en tu pregunta, lo que yo veo es que impera un enfoque demasiado pragmático, y paternalista, que se plantea en términos de: “¿cómo podemos servirnos de la ciudadanía, de los amateurs, para acelerar (los resultados de) la ciencia profesional?”. Este objetivo es loable, porque se trata de desafíos científicos de interés social, que resuelven grandes problemas del ser humano, así que movilizar gente “para que ayude” es siempre bueno, pero como bien sugieres tú y Antonio, si adoptamos una mirada más crítica y menos instrumental, ese planteamiento se nos queda corto, porque dejamos fuera la oportunidad de empoderar, y de mejorar a la ciencia misma gracias a una implicación más proactiva que escale peldaños más exigentes en la escalera de hacer ciencia. A ver si Antonio nos cuenta algo por aquí, porque me parece un tema que da para mucho…

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