Fallos más frecuentes en los procesos de deliberación online

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deliberacion onlineHe estado trabajando recientemente con el equipo de DontKnow para ayudarlos a mejorar Collaboratorium, una interesante herramienta que busca ordenar las conversaciones en torno a retos que se abordan mediante dinámicas colaborativas. Este proyecto me ha dado la oportunidad de continuar profundizando en mi investigación sobre los tipos de fallos o problemas que se dan con más frecuencia en los procesos de deliberación colectiva.

La deliberación que más me interesa es la “ejecutiva”, no la meramente “filosófica”, o sea aquella que sirve para la acción, que se organiza para tomar decisiones. Entendida en esos términos, lo que se hace en la deliberación es analizar colectivamente las ventajas (pros) y los inconvenientes (cons) de las distintas opciones disponibles, para llegar a un juicio o decisión común que se acerque lo más posible a la mejor solución para los objetivos del grupo. Esto, como se ve, es pura “Inteligencia Colectiva” 🙂

Voy a enumerar los fallos que, según mi experiencia y estudios realizados, se producen a menudo en las deliberaciones que se realizan a través de herramientas telemáticas, y que debemos vigilar especialmente a la hora de gestionar y dinamizar esas conversaciones. Algunas de estas carencias se dan también en los procesos de deliberación presenciales, cara a cara, pero en este post me quiero centrar en el entorno online por las ventajas que ofrece para escalar la participación e implicar a más gente:

  1. Baja participación: Tanto en cantidad como en calidad, pero todo empieza porque cuesta mucho captar el interés de la gente con la fuerte competencia por la atención que existe entre las iniciativas digitales. Sin cantidad es complicado que se llegue a la calidad, por eso conviene apostar por convocatorias “ampliadas”, o sea, invitar siempre a mucha más gente de la que se necesita que participe. Los ratios de participación varían mucho en función de: a) el poder de convocatoria (credibilidad) de quien lanza o lidera el proceso, b) los costes de participar en términos de facilidad de uso de la herramienta, c) el atractivo del tema o reto que será motivo de la deliberación.
  2. Retos/problemas mal planteados: Esto afecta también el punto anterior de la participación. Si el reto no se enfoca bien, si la pregunta no está bien hecha y/o no interesa a los participantes, la conversación languidece. Siempre recomiendo implementar algún sistema de filtrado/revisión (colaborativo) de los retos o temas de deliberación antes de que se publiquen, para que sean: a) precisos, b) relevantes, c) útiles, d) interesantes/desafiantes.
  3. Dispersión entrópica: Esto ocurre cuando los participantes publican opiniones que tratan de muchas cosas distintas a la vez, lo que dispersa la atención y hace más complicado centrar el argumentario de pros y contras en propuestas concretas. Por ejemplo, cuando en un mismo comentario se mezclan varios temas, cada uno de los cuales merecería un debate independiente. Esto se resuelve, en parte, con: a) Formación previa a los participantes que incluya tutoriales que insistan en el principio de “una idea por entrada”, b) un moderador o moderadora que machaque sistemáticamente sobre este asunto, incluso enviando mensajes privados, si hace falta, a los “prosistas” abusones.
  4. Descuidos en la clasificación: Es bastante común que la gente opine sobre un tema en el hilo equivocado, aportando ideas (incluso valiosas) que no encajan con la temática o el reto abordado en ese hilo, lo que genera diálogos paralelos y fragmentados de conversación sobre el mismo tema. Tienen que haber moderadores/facilitadores “con el látigo”, avisando y corrigiendo sistemáticamente esta tendencia. Desde el punto de vista del diseño, conviene introducir herramientas de visualización que permitan ver con más perspectiva todo el árbol de discusión y sus nodos temáticos, para que de un modo sencillo uno pueda saber dónde colocar la opinión que quiere compartir. La usabilidad de la herramienta marca aquí una gran diferencia, pero también el trabajo de los moderadores.
  5. Prosa florida: Un error habitual es redactar opiniones en un formato de “prosa continua” (verborrea latina, le llamo yo) en lugar de opinar de forma sintética con titulares o ideas-fuerza. Algunas soluciones de diseño pueden ser parametrizar opciones de respuesta, utilizar etiquetas que ayuden a “mapear” los contenidos, crear campos que obliguen a los participantes a generar ideas-fuerza, limitar el espacio de respuesta (tipo Twitter) para acortar por diseño las entradas u obligar a usar guiones en lugar de prosa continua.
  6. Seguidismo y ley del menor esfuerzo: En los grupos de deliberación donde la gente se conoce, a veces falta criterio propio y espíritu crítico. En los espacios deliberativos que se habilitan dentro de las organizaciones puede ocurrir que la gente termine usando un lenguaje adulador y complaciente hacia las opiniones planteadas por el equipo directivo o por los líderes reconocidos. Conviene insistir en que la deliberación es buena sobre todo para identificar áreas de discrepancia y “zonas ciegas”. Para repetir lo mismo que dicen los jefes o las personas con más autoridad (merecida o no), no hace falta deliberar. Para atenuar este problema se debe introducir la discrepancia por diseño, impugnar el consenso precipitado, e implementar roles específicos como el del “abogado del diablo”, entre otros mecanismos correctores.
  7. Sobrecarga informacional por filtrado ineficiente: La deliberación se vuelve agotadora si con el aumento del número de participantes, no se visibilizan las ideas y argumentos más valiosos (se mezcla la paja y el trigo), bien porque no existen por diseño los filtros adecuados, o bien porque los participantes no colaboran lo suficiente en el filtrado colaborativo (que también puede ser un problema de diseño). El resultado es que el grupo sufre una “sobrecarga informacional” que eleva los costes de participar. El reto a resolver aquí es la activación de mecanismos que ayuden a traducir cantidad en calidad, y que pueden basarse en “sistemas de reputación” o en la intervención de curadores.
  8. Fallos en la agregación: Un defecto típico es que no haya un mecanismo eficaz para agregar y sintetizar ideas, ya sea automático (que siempre es más difícil) o a través de roles estructuradores de la conversación (“moderadores/facilitadores”). Al no haber agregación, o sea, traducción de las opiniones individuales en un juicio o decisión colectiva, uno se ve obligado a tener que leer todos los hilos de conversación e intentar después llegar a una conclusión que es difícil. La agregación estadística suele estar conseguida porque es más fácil pero el lío lo tenemos con la información no estructurada (la textual). Un caso típico son los “foros”, donde este problema es crítico, y explica en buena medida por qué a veces no sirven para nada. Te cansas de leer opiniones pero al final no te quedas con nada que te sirva para extraer lo más interesante. Los mecanismos de agregación deben intentar facilitar la síntesis por diseño.

Nota: La imagen del post pertenece al album de david_shankbone en Flickr

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2 Comments

  1. Es una tentación introducir algún comentario de “dispersión entrópica” pero seré buen chico y me ceñiré al guión. Se me ocurre que en un enfoque temporal antes-durante-después de un proceso online, parece crítico acertar en el antes por cuanto el durante puede volverse ingobernable. Claro que si necesitas cantidad, estás en un problema, porque el filtro podría reducirla.

    ¿Cómo lo resuelves? Quizá concretando cantidad suficiente en cada caso. Lo pregunto porque si no filtras quiénes todo se volverá más difícil. Podría tratarse de que el colectivo -suficientemente grande- satisfaciera ciertas variables que de forma previa habría que explicitar.

    Vamos, que todo lo que puedas conseguir desde la perspectiva de diseño, bienvenido sea. Ya, era una obviedad. Pero al menos no te he metido dispersión jejeje

    • Julen,
      Lo de “filtrar quienes” tiene mucho peligro para la Inteligencia Colectiva (IC), porque creo que una de las fortalezas de la IC es precisamente la autoselección, o sea, que la gente se autoseleccione, en lugar de hacerlo “por invitación”. La autoselección ayuda a descubrir/desvelar talento inesperado, a la serendipia, y a reducir sesgos.
      Al final tenemos el dilema que planteaba Clay Shirky entre dos modelos: Filter then Publish vs. Publish then Filter. Yo apuesto por el segundo, como Shirky, sobre todo porque evitamos los dañinos “sesgos de selección”.
      Poniendome tiquismiquis, casi diría que filtrar antes sería más inteligencia “selectiva” que “colectiva”. Yo veo a la “autoselección” como un atributo de diseño irrenunciable de la buena IC. El reto está en mejorar la gestión del escalado con los filtros a posteriori, que no es poca cosa 🙂

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