Financiación Colectiva de capital: Equity Crowdfunding

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Equity crowdfunding

Sigo escribiendo hoy sobre lo más interesante que está pasando en la 2016 Collective Intelligence Conference que se celebra estos días en la New York University. Esta segunda jornada ha sido muy intensa y da para muchos posts pero siguiendo un criterio cronológico, voy a resumir la sesión más tempranera que consistió en un panel de tres expertos más un moderador sobre un tema de moda, la “financiación colectiva de capital” o como se conoce comúnmente: “Equity Crowdfunding”.

Con este tema doy un giro radical después del abordado en mi post anterior de “Inteligencia Colectiva para la toma de decisiones políticas”, y tiene bastante sentido, porque lo que está en el centro del debate sobre el “Equity Crowdfunding” (ECF) es la pregunta de si va a contribuir realmente a democratizar de forma significativa el acceso al capital de las empresas, como algunos dicen.

Como curiosidad, el panel de hoy tenía acento español, con la presencia destacada entre los ponentes de Alejandro Cremades, un joven emprendedor ibérico de solo 31 años que está haciendo literalmente las Américas. Es fundador de OneVest, y está muy acreditado en el sector por su capacidad para obtener fondos en favor de las startups que entran en su cartera. Le acompañó Eric Sacco, de CircleUp, una empresa con sede en San Francisco que promueve la financiación colectiva sólo en startups del sector minorista de productos de consumo. Sigue un proceso de curación muy exigente, tanto desde el punto de vista de las empresas que entran en las campañas de su plataforma como de los inversores que pueden comprar participaciones. El tercer participante del panel fue David Lubin, de Clairmont Group, una firma especializada en bienes raíces, un sector históricamente de difícil acceso para la financiación colectiva. Su objetivo, según explicó, es simplificar la inversión inmobiliaria mediante el uso de la tecnología.

En mi post de ayer cuestione la forma en que se gestionó el panel de la primera sesión, porque todos los participantes iban a su bola y aquello no era un panel, ni nada que se le parezca. Igual alguien me leyó (que no) porque lo de hoy ha sido un buen ejemplo de reflexión colectiva bien llevada: un panel de practitioners con experiencia contrastada y un moderador que sabía mucho del tema (Anindya Ghose, profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York), que hacía preguntas inteligentes y ordenaba el intercambio en torno a cuestiones relevantes. Un formato perfecto y súper dinámico.

Empecemos por la definición. Los proyectos que intentan recaudar fondos a través de campañas de Crowdfunding ofrecen recompensas a sus contribuyentes mediante el acceso al producto que se desarrolle con ese dinero y otros retornos más sentimentales como camisetas, testimonios de su participación, etc. Es lo que se conoce como Crowdfunding de donaciones, un patrón muy diferente a cuando los cofinanciadores pueden recibir, a cambio de los fondos que aportan, participaciones en el capital de la empresa, lo que crea un vínculo más orgánico de propiedad sobre el proyecto empresarial en sus primeras fases de vida. En eso consiste el “Equity Crowdfunding”, en facilitar la “financiación colectiva” de start-ups siguiendo el modelo de  “muchos ponen poco, en vez de pocos mucho”. Esto lleva, en principio, a un proceso de socializar la inversión mediante micro-financiaciones, de modo que el aporte no duela tanto al bolsillo de un inversionista en particular, sino que ese riesgo se reparta entre mucha gente.

Pero claro, no es lo mismo poner dinero en un proyecto puntual, por ejemplo, de desarrollo de un producto, que adquirir participaciones en una empresa. Por eso, lo segundo ha estado limitado por ley a inversores acreditados y siguiendo criterios formales estrictos que no encajan con el dinamismo de las plataformas online. En la medida que eso sea posible, gracias a modificaciones en la legislación, mucha gente común que no tenía ninguna posibilidad de invertir en empresas por no cumplir los rigores que impone el marco normativo, podría hacerlo con un propósito lucrativo pero también por simpatía o complicidad emocional con el proyecto empresarial que se quiere impulsar.

Desde esa perspectiva, el Equity CF puede ser una alternativa para diversificar las fuentes de financiación de startups que  no consiguen financiación bancaria, ni tampoco de business angels y capitalistas de riesgo. Esto ocurre muy a menudo por la naturaleza incierta de estos proyectos, así que añade una opción más al menú del que disponen los emprendedores.

En esto todo el mundo de las startups tiene los ojos puestos en Estados Unidos, donde la dinámica legal de los mercados financieros se tienden a tomar (para bien y para mal) como referencia en el resto del mundo, en lo que a innovaciones se refiere. A partir de 2016 entró en vigor en ese país el título III de la llamada JOBS Act (“Jumpstart Our Business Startups”) que flexibiliza el marco legal para que el Equity Crowdfunding sea un fenómeno más extendido. El proceso para llegar a ella ha sido tortuoso en busca de un delicado equilibrio entre fijar reglas que protejan a los inversores y una suficiente flexibilidad que estimule la recaudación de fondos.

Hasta lo que yo sé, los dos marketplaces online de Crowdfunding más conocidos en el mundo como Kickstarter e Indiegogo todavía muestran prudencia ante esta oportunidad. El primero ha dicho que no está interesado en entrar en Equity CF, mientras que el segundo declara estar considerando la posibilidad de hacerlo.

Resumo a continuación algunas consideraciones que se manejaron respecto del ECF, y que valdría la pena tener en cuenta para los que están interesados en esta modalidad financiera.

¿Qué tiene que ver esto con la “inteligencia colectiva? Pues bien, los modelos de Crowdfunding pueden tipificarse como un mecanismo de inteligencia colectiva porque la lógica de financiación se basa en la agregación de preferencias (financieras) de muchas personas, adoptando la lógica que comenté antes de: “muchos ponen poco, en vez de pocos mucho”. El hecho de que aquí intervengan tantos inversores hace que el sistema pueda funcionar, en cierta medida, como un mecanismo de predicción colectiva basada en amateurs. Si el proyecto es tan atractivo para captar inversores suficientes entonces puede ser una señal de que el mercado (no necesariamente los expertos) le atribuye un futuro prometedor. A diferencia del CF de donaciones, donde hay un filtro más emocional, en el de capitales la gente actúa de un modo más racional, pensando más en la rentabilidad de lo que invierte.

Hay que decir que el mecanismo tradicional de capitalistas-de-riesgo o business-angels sigue siendo un instrumento más sencillo que el Equity CF. Tener pocos accionistas, más concentrados, puede facilitar la toma de decisiones. Por otra parte, si la cosa va bien, estos aportan expertise más sofisticado a la gestión de la empresa, cosa que no se consigue habitualmente del Crowd.

Los principales temores hacia el ECF se centran en lo que los economistas llaman la “selección adversa”, es decir, el riesgo de elegir proyectos empresariales inviables porque los inversores comunes, sin experiencia, pueden no ser capaces de filtrar bien y ser presa fácil de engaños y abusos. En teoría, los inversores acreditados saben detectar las señales y se informan bien, lo que reduce las probabilidades de tomar decisiones desastrosas. Estas dudas reproducen el clásico debate de Expertos vs. Amateurs, pero tienen solución a través de mecanismos mixtos que usen un filtro previo de profesionales antes de ser publicada cualquier campaña en un Marketplace, y teniendo en cuenta que estamos hablando de micro-financiación, lo que implica perdidas asumibles en caso de que la inversión fracase.

Un aspecto positivo es que el ECF puede ayudar a crear un marco flexible y garantista para que familiares, amigos y clientes tengan la posibilidad de apoyar proyectos empresariales con los que simpatizan, algo que no es tan fácil de implementar por mecanismos tradicionales.

El propósito más obvio de conseguir financiación por canales alternativos solo explica una parte de las razones por las que el ECF parece tan atractivo. Hay otra motivación principal, y es cómo ayuda a generar comunidad y sentido de pertenencia entre los potenciales usuarios o clientes de un proyecto. Eso es así porque una iniciativa cualquiera de “financiación colectiva” tiende a convertir a los micro-inversores en potenciales clientes y promotores del proyecto, en embajadores de marca muy proactivos, generando un efecto multiplicador en la promoción y el marketing difícil de cuantificar.

Mucho se habla de que el ECF significa una innovación disruptiva que pondrá en peligro la posición dominante que disfruta ahora la financiación basada en VCs y Business Angels. Sin embargo, el panel se mostró cauto en esto, y cree que la jerarquía actual no se verá amenazada porque el ECF se moverá sólo en las primeras rondas de capital-semilla donde hay demasiados riesgos para que entre la financiación tradicional, que suele esperar a que la empresa tenga cierta tracción en el mercado.

Por cierto, en España ya se está moviendo el tema. He visto que hay avances modestos pero interesantes. Por poner un ejemplo, “La Más Mona”, una pequeña empresa de alquiler de vestidos, lanzó una campaña en 2015 a través de la plataforma CrowdCube, para levantar más de 150 mil euros de unos 50 inversores que entraron así con una participación de cerca del 10% del capital. Lo más interesante es que una parte significativa de esas aportaciones provinieron de clientas de la tienda.

De sobra es conocido, porque lo he dicho muchas veces, que mi modelo favorito de financiación colectiva es Goteo. En este post explico por qué pienso que aporta un valor añadido respecto de la demás. Goteo, hasta ahora, está concebida para financiar proyectos, pero después de este panel me pregunto si puede diversificar su estrategia para dar cabida también a la financiación de proyectos empresariales de inspiración cooperativa y de las llamadas “empresas sociales”. El cómo, y el porqué, que tanto interesan a Goteo, serían compatibles con la aspiración de financiar proyectos que ni por asomo encontrarían cobijo (ni lo buscarían) en inversores más agresivos.

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