Blockchain y las herramientas cívicas digitales incorruptibles (Entrevista a Santiago Siri)

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Sigo hoy el seriado de entrevistas que estoy publicando a personas que hacen cosas que me parecen interesantes para la Inteligencia Colectiva como parte del trabajo de campo que hago para mi libro. La entrevista anterior fue a Gonzalo de Polavieja, director del grupo de investigación de Collective Behavior Lab en el Champalimaud Center on the Unknown, que nos habló sobre todo de la importancia del diseño de las arquitecturas participativas. Échale un vistazo a la entrevista a Polavieja, porque aporta una visión del tema que vale mucho la pena.

Hoy toca hablar con Santiago Siri, fundador de Democracy Earth, una ONG sin fines de lucro respaldada por Y Combinator que impulsa el uso de herramientas cívicas digitales incorruptibles, entre ellas, soluciones de código abierto para la votación online. Santi es autor del libro Hacktivismo, publicado en 2015 por Editorial Sudamericana, y fundador del Partido de la Red, una organización política que se presentó por primera vez a las elecciones en 2013 en la ciudad de Buenos Aires, proponiendo un modelo de participación ciudadana que es un híbrido de democracia directa y democracia representativa. Es impulsor del Bitcoin ayudando a startups y ONGs a adoptar su uso y creó la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentina impulsando la industria cultural de videojuegos en el país desde 2001.

Santiago trabaja desde enero de 2015 en San Francisco, California, en su proyecto de Democracy Earth, y desde allí tuvimos un hangouts gracias al bueno de Bernardo Gutiérrez, que tuvo la amabilidad de ponernos en contacto. Aquí te dejo una transcripción resumida de la conversación que tuvimos:

¿Qué entiendes por inteligencia colectiva?

Es un término que en lo personal no uso mucho. Por ejemplo, me cuesta trazar la línea que separa la inteligencia individual de la colectiva. Tampoco sé si se puede llamar “inteligencia” el hecho de agregar colectivamente. A eso se añade que es muy complicado para cualquiera saber qué es ser inteligente. Pero en cualquier caso, la inteligencia colectiva es para mí la aspiración de poder pensar con otros. Tiene que ver con el Ágora, y debería ayudarnos de alguna manera a entender la democracia.

Cuéntame de tu proyecto Democracy Earth

Tratamos de estudiar y profundizar en los mecanismos básicos de gobernabilidad en tiempos de Internet. Queremos resolver la contradicción que se produce por el hecho evidente de que todos los días estamos votando en Facebook y otras redes sociales, sin embargo eso no tiene un impacto institucional. El cambio se está larvando, se ha abierto una brecha generacional y la participación ya está, pero falta que se proyecte en las instituciones. Además, nos interesan especialmente los procesos de desintermediación política que ahora son cada vez más viables gracias a la descentralización que, en principio, permiten los avances de Internet.

Tengo entendido que tu foco ahora es el desarrollo de software, y es lo que te ha llevado a San Francisco para impulsar Democracy Earth respaldado por Y Combinator, ¿es así?

Creo en el cambio, y por eso no hago otra cosa en el día a día que no sea trabajar con el software como herramienta para la transformación. Por eso, en realidad no estoy sólo creando software sino buscando nuevas formas de hacer gobierno. Soy un defensor convencido de la desintermediación política, igual que estoy a favor de otros tipos de desintermediaciones. La soberanía que tenemos que construir es personal, es la de la persona en red. Por ejemplo, si conseguimos que las herramientas faciliten realmente la democracia directa, puede ocurrir que incluso dispositivos políticos que intentan abrir cauces a la participación como Podemos, queden obsoletos. Ya no harían falta, al menos como intermediadores, porque la gente se expresaría directamente.

¿No es eso tecno-utopismo?

Una cosa que he aprendido es que no se cambia la realidad desde dentro. Eso intenté hacer con el Partido de la Red en Argentina, y aunque conseguimos avances, fueron muy insuficientes. El cambio genuino se consigue creando un modelo nuevo, y mejor, que haga al otro obsoleto. En eso estamos, creando herramientas que ayuden a visibilizar las ventajas de lo nuevo. Se empieza por una herramienta tecnológica que, mediante su uso, puede contribuir a cambiar los hábitos políticos. La tecnología no lo es todo, pero ayuda enormemente. Ahí tienes el impacto que ha tenido la Wikipedia en la autoridad de los expertos, o cómo Google y Facebook están redefiniendo al ser humano.

Si quieres hablamos, por ejemplo, de la criptografía. Estoy convencido de que estamos en la víspera de algo muy grande. La criptografía siempre ha sido una fuente de poder. Mucha gente no sabe que la capacidad de encriptar y desencriptar, y la disponibilidad de buenos algoritmos y de poderosas máquinas de cálculo para hacer eso al más alto nivel, puede ser un factor determinante en la evolución de la humanidad. La computadora más ponente del mundo nos afecta más que una bomba.

Una de tus prioridades es el desarrollo de lo que llamas “herramientas cívicas digitales incorruptibles”, que es algo que a priori puede tener un gran impacto en la viabilidad de sistemas políticos que saquen más provecho de la Inteligencia Colectiva. Háblame de esas herramientas.

Ya sabemos que en cualquier sistema pueden haber riesgos de manipulación, vandalismo y ataques. Soy consciente de eso, y por eso “incorruptible” es un término que uso mucho, porque da confianza. Y es que todo depende de la confianza, que es un pilar esencial para que las instituciones funcionen.

El uso de herramientas de ese tipo tendría, efectivamente, un fuerte impacto en los mecanismos electorales y de toma de decisiones colectivas. Sé que hay mucha discusión en torno a la seguridad del voto electrónico. Por eso en países como Estados Unidos o los europeos, donde el voto presencial funciona bien porque se han activado mecanismos de salvaguarda para proteger la integridad del sistema electoral, es posible que todavía se vea al voto electrónico como más arriesgado. Pero en entornos más frágiles como los de África, Asia o Latinoamérica, con menos tradición democrática, donde la coerción y la violencia siguen presentes en el acto electoral, la opción electrónica parece hasta más segura, aunque precisamente ahí tengamos otros problemas como el de la exclusión digital.

En cualquier caso, cuando hablo de “herramientas cívicas digitales incorruptibles”, no me estoy refiriendo a las tecnologías tradicionales de gestionar el voto electrónico que se usan ahora y que todavía dependen en exceso de un control central. Pienso en el blockchain, que entraña un cambio radical en el planteamiento porque se basa en una gestión distribuida que hace imposible la manipulación de los datos. De ahí viene lo de “incorruptible”.

Todo el mundo habla ahora de la tecnología Blockchain, y por eso me gustaría que me cuentes tu experiencia trabajando con esta nueva “herramienta de coordinación”.  Al parecer, puede ayudar al desarrollo de estructuras más federadas y menos radiales, que es un reto que tenemos en la Inteligencia Colectiva

Así es. El blockchain nos libera de la necesidad de depender de una autoridad central. Todos controlamos al controlador que somos todos. Al ser una base de datos universal, libre y distribuida, una vez que se guarda un dato es imposible de revertir porque lo sabrían los demás. Por ejemplo, en unas elecciones que se gestionen por Blockchain no haría falta que alguien en concreto cuente los votos. No habría que delegar esa responsabilidad en nadie. Todas las personas que participan podrían acceder al dato de la votación sin intermediarios. Fíjate la potencia que puede tener esto que, según leía en estos días, una red mundial distribuida siguiendo la tecnología del Blockchain puede significar unos 300 googles en términos de potencia de datos.

Vale, poca gente se cuestiona su potencial, pero qué pasa que no acaba de despegar. Dónde crees que están los desafíos por resolver de la tecnología Blockchain para extender su aplicación

Tecnológicamente, la parte de la moneda, con el Bitcoin, ya está resuelta. Pero seguro que tenemos otros retos por resolver. Te comentaré algunos.

Empecemos por la resistencia de las instituciones, y de los gobiernos, a ceder poder, a aceptar que ya no tienen el monopolio de la autoridad. Su reacción natural es a desacreditar cualquier tecnología que facilite modelos de redistribución del poder. En este sentido soy muy optimista porque el código digital es imparable. No hay burocracia, por muy fuerte que sea, que impida una evolución que es natural. Tarde o temprano se impone la evidencia.

En mi opinión, la mejor estrategia no es intentar convencer a los políticos, sino llegar directamente a los ciudadanos con unas herramientas amigables y una narrativa eficaz para comunicar el valor que tiene esto. Está claro que tenemos un reto cultural con los ciudadanos. No es fácil desmontar el mito de la autoridad central, que no haya árbitros, ni jueces. Para mucha gente eso es inviable y lo será siempre.

Necesitamos interfaces más sencillos e intuitivos porque lo que tenemos ahora mismo es demasiado complejo para conseguir que se masifique su uso. Por ejemplo, si admitimos que toda buena tecnología ha de convertirse en un hábito, tendríamos que conseguir que los dispositivos que trabajan con Blockchain se integren a la vida cotidiana como hoy ocurre con Facebook y otras redes sociales. Por eso, un desafío pendiente es mejorar la experiencia de usuario.

Desde esa misma lógica intuyo que no hace falta desarrollar una “tecnología cívica digital” específica, sino que hay que embeberla por defecto en las que usa la gente para otros fines más cotidianos. Lo cultural ya dije que es importante, pero no vamos a conseguir que la gente use el Blockchain solo a través de un buen relato. Lo que va a mover a la gente es la disponibilidad de herramientas y servicios que demuestren ser más eficaces y seguros de lo que existe ahora.

Te digo más. El móvil económico va a ser, y ya lo está siendo, el principal driver para promover un cambio de hábitos. Bitcoin y soluciones derivadas, que permean los negocios, pueden terminar convirtiéndose en los troyanos que abran el camino del Blockchain hacia prácticas más distribuidas en la política institucional. La gente empieza entendiendo que se pueden hacer transacciones sin necesidad de los bancos, y entonces está más abierta a comprender que esa desintermediación es extrapolable a otros ámbitos. Si es posible distribuir la confianza en temas tan delicados como el dinero, que se pueda hacer en política ya no suena tan descabellado.

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2 Comments

  1. jose orlck says:

    Santiago Siri se contradice con el voto electronico en pasies no desarrollados imponer voto electronico a una poblacion que no puede comprender y verificar su funcionamiento es directamente remplazar la democracia por una simulacion de ella.

  2. Amalio Rey says:

    Jose, se te fijas, supongo que por eso aclara que en esos paises tendríamos el problema de la “exclusión digital”. Creo que esa matización va por ahi…

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