The GovLab, un laboratorio de innovación pública (entrevista a Dinorah Cantú-Pedraza)

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Dinorah-Cantu-Pedraza

Nos reunimos con Dinorah en la sede de The GovLab, que está en el 9no piso del edificio de la Tandon School of Engineering de New York University, en Brooklyn. El objetivo de The GovLab es fortalecer la capacidad de las instituciones (sobre todo los gobiernos, pero también otras de la sociedad civil) para trabajar más abiertamente, de manera colaborativa, efectiva y legítima, en la resolución de problemas públicos y la toma de mejores decisiones. Aquí tienes un listado de proyectos que han desarrollado para que te hagas una idea.

Hace tiempo seguía la pista a esta organización centrada en la innovación pública impulsada por la tecnología, así que aproveché mi viaje a NYC en junio para participar en la 2017 Collective Intelligence Conference (enlace a reseña del evento) que organizaba esta vez el propio The GovLab, y también para verme con Dinorah Cantú-Pedraza, que es la coordinadora de The GovLab Academy. Mediante GovLab Academy, la organización ofrece programas de formación y mentoring para que los emprendedores públicos (que ellos definen como personas apasionadas e innovadoras que buscan utilizar las nuevas tecnologías y los datos para generar un beneficio público) conviertan sus ideas en proyectos listos para implementarse. Bajo su dirección, la Academia del GovLab ha trabajado con más de quinientos innovadores de más de 30 países en los últimos dos años, tanto en formato presencial como telemático.

Resumo a continuación la conversación que tuvimos:

¿Cuánto de abogada y cuánto de tecnóloga eres tú? ¿Qué hace una abogada metida en líos de tecnología?

Como abogada, decidí especializarme en Derecho Internacional de los Derechos Humanos mediante un curso de verano en Oxford y luego dedicarme de tiempo completo a ellos fundando el Centro de Derechos Humanos (CDH) en mi alma mater, la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, en Monterrey, México. Siempre me gustó profundizar en los principios básicos de las sociedades que aspiramos construir. Después de 3 años de estar en el CDH decidí que quería dedicarme al litigio estratégico de derechos económicos, sociales y culturales, por lo que apliqué y fui aceptada en la Maestría de Políticas Públicas de NYU.  Y es así como en una clase conocí a Beth Noveck, que me emocionó con nuevos conceptos que nunca había escuchado y que me abrían a un mundo de posibilidades en el tema de gobernanza. También me hizo ver que había que aterrizar esas ideas, ser más práctica, para generar impacto. En este camino, me siento ahora como una especie de “diseñadora institucional” de programas, intervenciones y nuevas formas para la toma de decisiones. No programo, no desarrollo software, pero participo en proyectos que buscan introducir buenas prácticas mediante el diseño, el uso de nuevas tecnologías y de datos, y con esto rediseñar las sociedades e instituciones para que los derechos humanos se cumplan por defecto.

¿Y ese es el espíritu que encuentras, y con el que trabajas, en The GovLab?

Efectivamente. Lo que me gusta de mi trabajo es que no solo creamos, o buscamos, los conceptos que expresan el modelo de sociedad o de organizaciones que queremos, sino que nos esforzamos en demostrarlos. En The GovLab se impulsan experimentos que demuestren, con evidencias, que los nuevos paradigmas de gobernanza son posibles y efectivos. Partimos de la base de que estamos viviendo ahora lo que imaginaron nuestros antepasados para nosotrxs, así que ahora nos toca a nosotrxs recrear el futuro en el que vivan las siguientes generaciones.

¿Cuáles son las metodologías y líneas estratégicas que sigue The GovLab para abordar los retos de innovación en los que trabaja? 

Buscamos impulsar un modelo de gobernanza más inteligente (“smarter governance”), y para eso nos inspiramos sobre todo en tres pilares: 1) uso intensivo de datos, 2) design thinking, e 3) inteligencia colectiva. El primero (“datos”) se enfoca en abrir, compartir y usar datos que ayuden a tomar mejores decisiones. El segundo (“design thinking”) busca empatizar lo más posible con los stakeholders y colectivos beneficiarios de nuestros proyectos. Y el tercero (“inteligencia colectiva”) aporta legitimidad y eficacia a los procesos mediante el diseño de infraestructuras de conversación entre sociedad y gobierno que verdaderamente sepan aprovechar el talento y conocimiento distribuido en nuestras comunidades.

Dentro de esa lógica, uno de los modelos de referencia que usamos para trabajar con  gobiernos locales es el de “innovación abierta”, porque a ese nivel hay muchos problemas complejos y pocos recursos para resolverlos. Mediante pilotos, buscamos generar una metodología probada que, como explicaba, realmente permita aprovechar al máximo el conocimiento que se encuentra disperso en la comunidad (efectividad), y al mismo tiempo, involucrar mediante distintos momentos de intervención, la mayor diversidad posible de talentos y experiencias (legitimidad). Por ejemplo, a los equipos participantes, se les pide entrevistar a las personas a quienes les afecta el problema, intentando incluir en la mayor medida de lo posible, a los grupos vulnerables que generalmente no se les escucha fuera del tiempo de las elecciones. El otro modelo es el de “smarter crowdsourcing”, que hemos piloteado con gobiernos federales, que tienen más recursos, para abordar problemas complejos y urgentes, pero de difícil acceso a las últimas innovaciones que existen para resolverlos. Por ejemplo, en temas de innovación para el manejo de desastres, en los que hace falta responder de forma ágil y atraer talento inesperado. Para combatir epidemias globales como la del Zika, el monitoreo de redes sociales y de las conversaciones acerca del tema pueden complementar los estudios clásicos que utilizan los gobiernos para entender qué es lo que las personas piensan que saben del mosquito y con eso diseñar mejores campañas de comunicación.

Ya que hablabas de “design thinking” e “inteligencia colectiva”, que son dos temas que me interesan y en los que trabajo mucho… ¿qué conexiones ves que existen entre ambas metodologías?

La conexión subyacente entre esas dos metodologías está en la base de todo lo que hacemos. Para nosotros es altamente prioritario conseguir una definición clara del problema que se quiere resolver. Es muy común buscar la solución directamente o disfrazar problemas como soluciones, así que si no se toma el tiempo y el trabajo suficiente para definir realmente cuál es “el problema” que se quiere resolver, es difícil conseguir resultados. De hecho, no sabes bien si has tenido éxito porque no has determinado cuáles son los objetivos que sirven para medirlo. La gente muestra resistencia al inicio porque creen que tienen el problema muy claro. Por ejemplo: “quiero resolver el calentamiento global”; pues no, ese no es el problema, sino el síntoma. Dime que quieres reducir las emisiones de carbono que provocan el calentamiento, y entonces, sí estamos empezando a hablar del problema.

Una buena definición del problema a resolver es, en mi opinión, el trabajo más enriquecedor, y el más duro, en los proyectos que trabajamos. Y es ahí donde el Design Thinking aporta mucho valor como metodología de aproximación empática a los colectivos que tienen el problema, porque hay que entender muy bien a las personas que lo han intentado resolver y por qué no lo han conseguido. Después viene el segundo momento, que es analizar para quién se está diseñando esto y así identificar los incentivos que van a incitar a la participación.

Este trabajo de empatizar no puede hacerse sin desarrollar dinámicas de inteligencia colectiva, porque el conocimiento y las vivencias se identifican y construyen mejor mediante la interacción social. Por ejemplo, podemos partir de encuestas que se han hecho a la ciudadanía en las que identifican los problemas que más les preocupa en un municipio, pero después hay que profundizar en las causas y las oportunidades trabajando con activistas locales y las personas que viven en esa comunidad, en grupos de reflexión que permitan una retroalimentación, o a través de ejercicios de Crowdsourcing en los que se construya colectivamente. Es ahí cuando sacar provecho de las ventajas de la Inteligencia Colectiva es tan importante.

Según he visto, The GovLab se centra en “el uso de la tecnología para mejorar la forma en que gobernamos”, así que la tecnología parece tener cierto protagonismo, ¿Es un requisito que vuestros proyectos tengan una fuerte dimensión tecnológica?

Nos centramos en la tecnología porque creemos que facilita y potencia la inteligencia colectiva. Por otro lado, como ya te comenté, le damos mucha importancia a los datos, tanto a la captura de datos fiables y relevantes, como al análisis riguroso de los mismos. Para eso necesitamos tecnología. De todos modos, aunque intentamos que haya algún componente de este tipo porque creemos en las ventajas que aporta, también hemos participado en proyectos donde el factor tecnológico ha pasado a un segundo plano. Al final de cuentas, ¿qué es tener una política pública basada en datos? Es tener una política pública basada en la evidencia, y eso es lo que queremos que sea la norma y no la excepción.

¿Qué tiene la academia de “Laboratorio de Gobernanza”?, tal como se define…

Nos consideramos un centro de investigación en acción. De ahí viene la parte de “laboratorio”. Y en ese sentido somos un laboratorio  de “gobernanza”, y no “gubernamental”, porque somos conscientes de que muchas decisiones se toman fuera de los gobiernos. Nuestro foco es resolver problemas públicos, ese es nuestro gran objetivo, y para eso nos gusta basarnos en la experimentación típica de los laboratorios. Todo el trabajo que hacemos en The GovLab Academy está centrado en proyectos. Ahora estamos diseñando nuestro primer MOOC, pero no damos formación teórica, sino embebida en el acompañamiento de proyectos concretos. Muy “aprender, haciendo”.

Me ha gustado mucho vuestro “The GovLab Public Problem Solving Canvas”. Tiene una pinta estupenda: ¿qué tal funciona? ¿hay alguna aplicación disponible en español?

Funciona muy bien como arquitectura para abordar proyectos. Lo estamos cambiando y mejorando. Ahora mismo tenemos una versión actualizada, que no es la misma a la que has visto en la web. De momento no se ha publicado una versión en castellano.

[NOTA DEL AUTOR: si estás interesado/a, échale un vistazo al Canvas en este enlace]

Me he hecho muchas veces esta pregunta, porque no siempre es fácil discernir entre creación de “valor social” y de “valor público”, así que la comparto contigo: ¿qué diferencias ves entre trabajar para “emprendedores sociales/cívicos” y para “emprendedores públicos” que están dentro de la Administración? O planteado de otro modo, ¿nos valdría igual un “Canvas social” que uno “público”?

La metodología es aplicable por igual a cualquiera de los dos colectivos. En mi opinión, te diría que los emprendedores públicos con los que he trabajado están más abiertos al cambio, que los sociales. Creo que eso pasa porque los públicos eran personas que abordaban este tipo de retos por primera vez, para los que trabajar con estas herramientas era un descubrimiento, y entonces se mostraban muy abiertos e ilusionados. En cambio, cuando trabajo con emprendedores sociales, éstos suelen ya tener alguna experiencia en proyectos de innovación, y ya traen sus propias metodologías, herramientas y hábitos, así que están menos dispuestos a desaprender. La gente de lo público viene con hambre y muchas ganas de escuchar. Como se enfrentan a un monstruo burocrático tan difícil de cambiar, se sienten muy cómodos y agradecidos cuando se le abre un espacio para pasárselo bien. Pero, en fin, sólo hablo de mi experiencia personal.

Según las demos que habéis probado en The GovLab, ¿qué le falta a las “tecnologías cívicas” para dar una respuesta adecuada a los procesos de participación democrática?

Falta la responsabilidad de que estamos creando historia y tomarnos en serio ese papel. Hay proyectos tipo Crowdlow (elaboración colectiva de leyes) muy interesantes. Beth está haciendo una investigación en ese campo junto con Cristiano Ferri. Estamos ahora empezando a desarrollar una plataforma para la innovación colectiva en ciudades.

Si quieres que te dé mi opinión a título personal, te diría que soy algo escéptica respecto de la democracia deliberativa a gran escala. Sinceramente, como parte de una comunidad no quiero que me pregunten de todo, todo el tiempo. Prefiero que sepan que tengo un expertise concreto que puedo aportar, y entonces que sólo me consulten para determinados temas. Hay que optimizar esto porque si no, la gente se satura.

En las tecnologías cívicas tenemos dos aspectos por mejorar: 1) la efectividad, 2) la legitimidad. Ambos objetivos suelen estar en conflicto. A más participación, que contribuye a la legitimidad, más complicado es desde las instituciones públicas dar una respuesta que esté a la altura, porque no tenemos recursos para eso. La capacidad de reacción de las instituciones es muy limitada para procesar tanta información y responder a tantos participantes, y eso puede generar más descontento. Si se pide opinión, y no se tiene capacidad de responder, vamos mal.

¿El libro de Beth, “Smart Citizens, Smarter State”, apunta en esa dirección precisamente, promoviendo un tipo de Crowdsourcing más de ciudadanos-expertos?

El libro de Beth va en esa línea, porque habla de las “tecnologías de expertise”, pero no excluye el otro enfoque más inclusivo que agrega legitimidad a las intervenciones y de la experiencia. Hay un amplio espectro de participación, y cada matiz es importante. Lo que sí hace falta definir es qué tipos de problemas o retos son ideales para cada uno de los formatos participativos según las prioridades que haya.  Y mucho más estudios que definan estas respuestas. En fin, estamos en este camino, ¡vamos a averiguarlo juntxs!

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