Twitch Plays Pokémon: ¿Anarquía vs. Democracia?

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Pokemon_imagenesEl eterno conflicto creativo (a veces, destructivo) entre lo colectivo y lo individual se puede modelizar, simplificando un poco, a través de la dicotomía entre democracia y anarquía. Por supuesto que nos situamos en puntos intermedios de ese gradiente como resultado de la constante negociación de derechos y deberes entre individuos y sociedad, pero esa dicotomía siempre está presente, como un falso dilema o no.

Un experimento social interesante y divertido que proyecta bien esta tensión es el juego Twitch Plays Pokémon (TPP), la página web de emisión de vídeos Twitch que se lanzó en 2014, en la que miles de usuarios pueden jugar a una de las entregas de Pokémon escribiendo comandos en la ventana del chat que se traducen en sus correspondientes pulsaciones de botones.

TTP funciona con dos modos. Uno es “anarquía”, por el que el juego sigue las instrucciones dadas a la vez, y sin coordinación alguna, por decenas de miles de participantes. Y el modo “democracia”, que busca reducir el caos generando votaciones colectivas a partir de las ordenes acumuladas en la caché cada cinco segundos para coordinar colectivamente el siguiente movimiento. Me encanta la analogía porque en el juego se proyectan dos culturas contrapuestas, y las disputas reflejan posturas vitales en conflicto. Los “poke-anarquistas” disfrutan el proceso mismo de simultanear indicaciones contrarias y su naturaleza errática, mientras que los “poke-demócratas” buscan llegar a acuerdos para avanzar. Los primeros buscan el caos como disfrute experiencial del proceso, mientras que los segundos persiguen el orden para poder llegar a resultados. En fin, la vida misma…

El juego refleja la infinita creatividad que puede aportar la anarquía con el factor imprevisible que aporta el descontrol, pero también la necesidad de ponerse de acuerdo para resolver problemas complejos y progresar en el juego. Lo interesante es que inicialmente solo se jugaba de forma anárquica, y el creador del juego tuvo que introducir el modo democracia (por cierto, los nombres los puso la propia comunidad) porque según él mismo explica, algunas secciones del juego eran imposibles de gestionar sin algún tipo de coordinación que aportara precisión en los movimientos. Sin esa coordinación el juego se quedaba a menudo en un punto muerto, atascado horas y días enteros. Había gente que disfrutaba de ese loco estancamiento, pero era frustrante que el juego no avanzara.

Y después, como era de esperar, se dio el proceso contrario. Aunque el modo democracia se introdujo como obligatorio, la propia comunidad reaccionó e impuso la opción de conmutar de un modo a otro por votación colectiva, de modo que se pudiera pasar al modo anárquico cuando la mayoría lo deseara. En esta evolución triunfó el reclamo de jugar también a la imprevisibilidad.

Pues nada, quería compartir esta breve historia porque yo la veo como una metáfora de la importancia de ponernos de acuerdo si queremos progresar pero también de no pasarnos con los corsés sociales que ahogan la creatividad individual. La pregunta de los cien millones es dónde está el punto óptimo de equilibrio en ese continuo, pero seguramente cada cual tiene su respuesta.

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2 Comments

  1. Muy interesante esto de poder viajar en dos convoyes a la vez y decidir dónde cada cual está más a gusto. Eso sí, ¿cada cual necesita a obligatoriamente a su alternativa? Es decir, ¿se disfruta del caos solo si se conoce el orden y viceversa?

  2. Amalio Rey says:

    Buen apunte. Ahí esta la paradoja, Julen. De todos modos, si te fijas, la comunidad solo conmuta de modo si gana la mayoría 🙂

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