Yo pagué un soborno (I Paid a Bribe)

Share Button

graffity corrupcionHe escrito otras veces sobre corrupción, un tema con el que estamos ahora especialmente sensibles, y con razón (Ver, por ejemplo: “La corrupción en una fórmula”). Esta vez toca relacionarlo con el tema central de este blog, Inteligencia Colectiva, y el punto de conexión es I Paid a Bribe (IPAB), un proyecto que nació en la India hace unos cinco años, impulsado por Janaagraha, que es una organización sin fines de lucro, con sede en Bangalore, que trabaja para mejorar la calidad de vida urbana en los pueblos y ciudades del país.

El principio de funcionamiento de IPAB es simple: Si usted ha pagado (o presenciado) un acto de soborno, infórmelo. En la plataforma los usuarios pueden aportar información acerca del tipo, localización, frecuencia y valores implicados en actos de corrupción reales que se dan en su entorno. Se piden datos a víctimas, perpetradores y beneficiarios de los actos de soborno.

Aunque no es, ni puede ser por razones obvias, un retrato fiel, ni exacto de toda la corrupción que se produce en la India, sus informes proporcionan una instantánea aproximada de las tendencias que se dan en este fenómeno para distintas ciudades del país. Se suben a la plataforma de 25 a 50 reportes diarios, además unas 20 preguntas cada día, y unos 40 comentarios en los foros y blogs.  En Mayo de 2014 la web contaba con 4 millones de visitas, 300 mil mensuales, y 26 mil denuncias de toda India. El modelo de IPAB se ha replicado en forma de nodos en, por lo menos, una docena de países, incluyendo Indonesia, Zimbabue y Pakistán.

En los detalles de diseño de la herramienta está lo más interesante. Los ciudadanos pueden no solo dar cuenta de cómo tuvieron que “adaptarse” irremediablemente al sistema y pagar el soborno, sino que tienen también la opción en positivo, o sea, contar cómo dijeron que “no” a la extorsión o evitaron pagarla gracias a un nuevo procedimiento o a un funcionario honesto (“Bribe fighter”) que se comportó de manera íntegra evitando el soborno.

Los usuarios pueden elegir firmar el informe, o subirlo de forma anónima. No piden nombres, ni teléfono, para que la gente se sienta libre de informar. Un elemento crítico de diseño es que el sitio-web prohíbe a los usuarios mencionar nombres porque “no está orientado a personas concretas, sino a la búsqueda de la corrupción sistémica”. Para evitar chantajes o calumnias, tienen un software que borra los nombres, y un moderador que suprime los informes que tienen contenidos difamatorios o provocadores. Las razones que esgrimen los promotores para no aceptar las denuncias con nombres son claras: 1) Sería una distracción del objetivo principal que es cambiar las condiciones del sistema, 2) La plataforma no es una agencia de denuncias legales, ni puede suplantar la vía judicial, 3) Personalizar las denuncias podría generar graves problemas de calumnias y difamaciones.

Los datos ayudan mucho a comprender el problema de la corrupción, a conocer la cantidad de dinero que suele pagarse, y a saber cuáles son los tipos de sobornos más frecuentes. Por ejemplo, han comprobado que la gente es más propensa a pagar sobornos en trámites de registro de la tierra y se resiste más a los trámites de permisos de conducir. El análisis de la proporción entre las tres categorías (“pagué”, “no pagué”, “no tuve que pagar”) da una idea de los grados y la persistencia de la corrupción. A partir de los datos agregados, la plataforma publica informes sobre el estado de la corrupción (“Informes Janamahithi”), incluso por sectores, como el de “vehículos de motor” con recomendaciones prácticas a los ciudadanos de cómo evitar actos de corrupción con las multas y otros procedimientos. El impacto es real. Por ejemplo, el comisario de Transportes de Bangalore llamó para comunicar su vergüenza al saber que su departamento tenía las más altas estadísticas de sobornos de la ciudad.

Una revisión a fondo de esta iniciativa, y según mi experiencia de estudiar estos sistemas, podría destacar algunos aspectos:

1.- Transparencia vs. Opacidad “estructural”: IPAB es un intento loable de no conformarse con la opacidad que se da por naturaleza en el seguimiento de los fenómenos de la corrupción. Al no existir mecanismos oficiales para contabilizarla (por razones obvias), entonces se explora un método alternativo que al menos ayude a arrojar luz, a desvelar algunas claves, y a “medir” de forma aproximada algo que hasta ahora ha sido imposible de medir. Esta situación de “opacidad estructural”, por llamarla de algún modo, también se da en otros ámbitos de la sociedad, y podría ser abordada con enfoques parecidos. La recogida colectiva de datos (“Vigilancia Distribuida”) es una opción a tener en cuenta para palear el déficit que tenemos en campos donde sin ellos es imposible practicar políticas públicas basadas en evidencias.

2.- Visibilidad: Aunque los medios de difusión se encargan ya de hacer visible la gravedad de la corrupción, lo cierto es que si le damos más visibilidad con datos, los gobiernos se verán más obligados a tomar medidas para reducirla. A más evidencias de que es un hecho global y generalizado, más difícil es reducirla a una anécdota.

3.- Investigación: Los datos recopilados en este tipo de plataformas ayudan a comprender los “mecanismos subyacentes” que explican los actos de corrupción, a un nivel de detalles que en algunos casos no sólo tienen valor estadístico, sino también antropológico. Ésta me parece la mayor utilidad del sistema porque un conocimiento profundo del problema ayuda a diseñar mejoras en los procedimientos del gobierno y en la regulación existente.

4.- Clasificación y estándares: Para poder agregar datos colectivos, hay que crear taxonomías adecuadas y fijar un lenguaje común de metadatos que ayuden a ordenar tanta información dispersa. Esto IPAB lo hace bien, al “poner orden” (en los formularios de reporting) a los inputs de datos que se aportan colectivamente sobre un tema que suele ser resbaladizo y ambiguo. Por ejemplo, dentro de la interesante clasificación de sobornos que contabiliza la herramienta, aparecen categorías como: solicitud de pasaportes, trámites ferroviarios (reservas, etc.), suministro de servicios públicos, gestiones fiscales, prestaciones municipales o trámites con la policía (multas, etc.).

5.- Impacto educativo y de “awareness”: La lógica del sistema, según los promotores, es también educativa, y así lo explican: “Todo ciudadano o ciudadana que denuncie una historia en nuestro sitio web, está lo suficientemente enojado/a como para comenzar a resistirse. Por supuesto, alguien que se ha resistido a pagar un soborno y reportado la historia, ya ha hecho buena parte del camino para convertirse en un agente de cambio”.

6.- Fiabilidad vs. Incentivos para trampear el sistema: El mecanismo de IPAB, como ya hemos dicho, no es perfecto. Pero al prohibir la personalización de los informes, y evitar incentivos perversos al envío de informes falsos, mejora bastante la calidad de la información recibida. Los promotores se han tomado en serio lo de minimizar cualquier estímulo a trampear al sistema. Si alguien se molesta en reportar un soborno, es porque sólo le mueve la consciencia de hacerlo.

7.- Feedback continuo: Esto es importante para fomentar engagement. No es una “caja negra” que traga datos sin entregar nada a cambio, o posponiendo sus informes a futuro. Uno puede de manera inmediata acceder a informes y analíticas que se generan en tiempo real a partir de los datos que van suministrando los usuarios. Por decirlo con mis palabras: la agregación es transparente e inmediata, y esto invita a participar.

8.- E-inclusión: El hecho de que solo se puedan informar los sobornos a través de la plataforma-web puede generar cierto “sesgo de auto-selección” y poner en entredicho la fiabilidad de los datos. Los promotores son conscientes de esto, y por eso han habilitado recientemente una línea telefónica para que los damnificados de sobornos puedan reportarlos también por vías convencionales.

Nota: La imagen del post pertenece al album de withquietintentions en Flickr

Share Button

4 Comments

  1. El link a IPAB está mal. Es http://www.ipaidabribe.com.

    Intersante y útil iniciativa.

  2. Creo que ningún otro tema como este requiere un trabajo verdaderamente activo desde la educación en valores. Una sociedad que tolera cierto grado de corrupción se está cavando su fosa. Así que cualquier iniciativa para evidenciar el problema bienvenida sea. Eso sí, aquí necesitaríamos asegurar un buen espacio en los servidores, no fuera que colapsaran por el volumen…

    • Amalio Rey says:

      Desde luego, Julen. Es un reto interminable e inabarcable. Lo que dices de tolerar la corrupción como un suicidio colectivo es así. Tal cual.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*